La ciudad no es para nosotras

Este fin de semana se nos ha ocurrido ir a mis amigas Raquel, Ana, Iranzu y a mí a Londres. Perfectamente podríamos ser las nuevas Paco Martínez Soria. A mí el simple hecho de haber llegado el domingo a mi casa ya me parece digno de admirar.

Yo, que no soy nada hipocondríaca, ya empecé el viaje pensando que el pulmón me reventaría por la presión en cuanto cogiéramos altura. ¡Que eso lo leí yo cuando era pequeña! ¡Que le pasó a un señor!

Miedos a parte (ya veis que estoy bien), me gustaría que alguien me aclarara una duda que me surgió. ¿Por qué se aplaude cuando el avión aterriza? ¿Qué pasa? ¿No se lo esperaban? Porque yo no oigo a nadie aplaudir cuando el autobús llega a la estación. ¿Por qué en el avión sí?

A ver, que yo he visto Sully y no me extraña que cuando aterrizan sobre el Hudson aplaudan. Que claro, tiene toda la lógica del mundo. Ellos piensan que van a morir y llega el tío y más chulo que un ocho aterriza en el río. No se lo esperan, viven y aplauden. NORMAL.

Pues a mí no me inspira confianza que se aplauda. ¡Y punto!

El caso es que llegamos. Y como el viaje había sido muy tranquilo, pues nos teníamos que llevar el batacazo por otro lado. Fuimos a pasar el control de seguridad del aeropuerto y resulta que Ana hacía tiempo había denunciado que le robaron el DNI. ¡Que ella ni se acordaba! Pues oye, que no se puede volar con la denuncia. Amaia educa y divierte, os aconseja retirar denuncias antes de coger un avión (y revisar los pulmones).

Pues ahí estábamos, en unas sillas con un señor vigilando para que no nos escapáramos, ella, pensando que no la dejaban entrar en Londres, y yo haciendo de traductora.

Total que ella tenía miedo de que no le dejaran entrar y resulta que lo que no le dejaban era salir del país. Más exagerada…

Nunca le dije que tuve miedo de traducir mal y que acabara en la cárcel por mi culpa. Menos mal que veo mucho The Good Wife  y los juicios en inglés los tengo controlados. 

No contenta con eso, Ana rompió una figurita de la casa en la que nos quedábamos y se quería escaquear de pagar en el autobús. Ella dice que fue sin querer, pero yo creo que tenía una obsesión insana con que acabáramos en el calabozo.

Por lo demás, todo fue muy  bien. El dominio del inglés de Raquel hizo que todo fuera más fácil. Ella entraba saludando en todos los sitios. Si ella decía «hello» y le contestaban frases más largas en inglés, mal: «¿Es que no ven que no les entiendo?» Pero pobres de ellos si le contestaban en español: «serán idiotas…¿no ven que les saludo en inglés? ¿No pueden contestarme en inglés?»

También nos ayudó mucho cuando tuvimos que poner las maletas en el carrito para que se las llevaran al maletero del avión. Su maravilloso: «be careful with the maletas o te parto la cara», hizo que no nos las perdieran.

Por otra parte, Iranzu quería fusionar la cultura inglesa con la navarra y adoptaba postura de jotera de toda la vida de Dios cuando posaba para las fotos. Creo que a la reina le gustaría mucho. Pero ni nos invitó a tomar el té, ni nada. Así que ella se lo pierde.

A mí me gustó mucho Londres. La verdad que vivíamos en un barrio de lo más tranquilo, donde si pasamos un día más posiblemente nos hubieran robado los órganos (no hablo de instrumentos) y vendido al mercado negro.

El London Eye, precioso. Desde abajo. Con mis encuestas a 20 céntimos no pago la entrada ni en diez años. Pero ¡ay el día que tenga dinero! Pienso pagar la fila rápida.

También me pareció todo muy higiénico. ¿Nadie ha pensado en patentar los contenedores allí? Porque yo veo un buen pelotazo que nadie está teniendo en cuenta. ¡Se está perdiendo talento!

Por cierto, ¿habéis probado Uber? Nosotras sí. Y casi morimos. Pues resulta que el tío debía tener un problema de visión que le impedía ver los semáforos. Que si no paramos en ninguno no fue porque todos estuvieran en verde. Que no.

Al llegar se nos ocurrió decirle que parara a la derecha. Nos dijo que estaba prohibido. Yo pensé: a buenas horas se vuelve legal. Qué equivocada estaba. Se ve que a un ladito, donde hay mucho hueco, no se puede aparcar. En cambio, en medio de la carretera se ve que la cosa cambia. Que ahí sí se puede. No sé yo si a cualquiera de vosotros os habrán pitado tantos coches e insultado tantas personas como a nosotras en ese ratito.

Sinceramente, veo más motivos para aplaudir cuando nos bajamos de ese coche que cuando aterrizó el avión.

 #Dramaia hubo. Pero la hubo con la mejor compañía posible. Los #Dramaia entre cuatro, son menos #Dramaia.

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