Seis meses en Madrid: los inicios

Mucha atención porque voy a decir algo que pensaba que nunca diría: He sobrevivido a Madrid (de momento). Así como os lo cuento.

Y claro, vosotros pensaréis que es una chorrada, pero es que no sois conscientes de lo lleno que ha estado Madrid de #Dramaia durante esos seis meses. Tanto, que no me cabe todo en una sola entrada. Así que como yo tengo un blog y vosotros ojos, os lo voy a contar por fascículos.

PARTE 1

Mis comienzos en Madrid no fueron fáciles, empezando porque el día que encontré piso mi amiga (por decirle algo) Ane me hizo andar una hora a 40 grados. A eso, añadirles unas ampollas tremendas que tenía yo en las plantas de los pies. Ane, si lees esto, sigo sin perdonártelo.

Pero bueno, todo era maravilloso porque yo tenía piso. Me despedí de Salamanca y me mudé con todo mi #Dramaia a Madrid. El primer día lo llevé muy bien. Sólo lloré 12 horas.

Cuando pasó el tiempo parecía que todo iba mejor. Volví a casa unos días y mi madre me hizo unas maravillosas albóndigas para llevarme de vuelta a Madrid. Pero el drama se acercaba a pasos agigantados…

Llegué a mi piso y cuando iba a calentar las albóndigas…¡¡¡¡CATAPUM PUM PUM!!!! Tuvimos un cortocircuito que provocó un pequeño fuego en un armario de la cocina. Por suerte, mis padres me habían enseñado desde pequeña qué hacer en estos casos,  y haciendo uso de eso y gracias a la madurez que cogí en mis años fuera de casa, supe reaccionar rápidamente gritando mientras mi compañeros apagaba el fuego. Sigue vivo.

Menos mal que llamé rápidamente a los de la agencia que nos había alquilado el piso y muy amablemente me dijeron que me buscara la vida porque ellos no me iban a arreglar la luz. Aún me deben 480 euros (nunca alquiléis con Rooming.es) pero los estoy recuperando con los test a 0,20.

Sé lo qué os estaréis preguntando. Una vez apagado el fuego y sin piso otra vez, ¿qué pasó con las albóndigas? Y ahí está el verdadero #Dramaia. Se quemaron. Así, sin más ni más. Como se quema un montón de paja. O los ingleses en la playa. De golpe y sin aviso previo.

No creáis tampoco que tuve tiempo de encariñarme demasiado con el piso, sólo llevaba 22 días cuando el drama albondiguil llegó a mi vida.

Podemos sacar dos conclusiones de esto:

1) Espera al menos un mes para terminar de desempaquetar todas las cosas cuando te mudes a un piso.

2) Nunca confíes en Ane cuando te diga «vamos dando un paseito que no tardamos nada».

En mi siguiente entrada os contaré cómo los de Pekin Express no sufren tanto si lo comparas con buscar piso en Madrid en verano.

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