Una parada coja

Hacía mucho que no me volvía a pasar, pero hoy ha llegado el gran día. Me han vuelto a llamar para un puesto de trabajo. Que tampoco me extraña teniendo en cuenta la rapidez para enviar currículum que estoy cogiendo:

Buscamos a una persona con siete años de experiencia, alto nivel de Photoshop, diseño en 3D, diseño gráfico, animación, nivel nativo de inglés, alemán y chino mandarín, que sea capaz de conducir un autobús con los ojos tapados, hacer trasplantes de cadera y tenga barba. 

Enviar currículum.

La cosa es que esta vez me han llamado para ser redactora en una página web. Bueno, redactora en prácticas, no vaya a ser que algún día me pueda mantener por mí misma. Que yo sé que yo lo eché para el contrato de verdad, pero ellos lo han intentado. Quien no arriesga, no gana.

Yo, muy dignamente, les he dicho que no estaba interesada, que yo más prácticas no hago. Total, que ellos han empezado a hacerme preguntas sobre enfermedades, capacidad de trabajo en equipo, y otras cosas que me han hecho pensar que estaban interesados en mí.

Y hablando de esto, aquello y lo de más allá, ha llegado el momento en el que, muy equivocadamente, he dicho que tengo un problema en mi rodilla. Me he sentido muy comprendida, porque la maravillosa bicha mala que me estaba entrevistando me ha dicho que ella también. Muy preocupada, me ha preguntado si me tendrían que operar, a lo que yo he contestado que no, que con una plantillita se pasaba. Ella, que no se esperaba una solución que no implicase una baja para poder decirme que no, ha sacado toda su artillería. 

Pues claro, que no me pueden coger si estoy coja. Porque se ve, que a parte de redactora, quieren que haga también un trabajo de investigación y para eso hay que andar. Yo, viendo que lo que realmente pasaba era que sólo me quieren si soy becaria, les he dicho que no hay problema, que puedo hacer de Inspectora Gadget a pesar de mi rodilla. 

¡Uy lo que le he dicho! Pues que no, que este trabajo de investigación implica andar muchísimo. Que yo no sé si me piensan mandar a las cuevas de Altamira a buscar mamuts para poder ser una buena redactora o qué. Así que cuando se me pase, si eso, pues que lo vuelva a intentar.

Me he comprado un Kinder Bueno para pasar el amargo golpe y me he montado en el metro. Pues en ese momento, se sienta a mi lado un señor que olía a alcohol como para provocar un coma etílico a todo el que se cruzara con él. Bueno, y las uñas negras como los cojones de un grillo. Ese señor pesaba cinco kilos más solo por la roña que tenía en ellas. Y saca el móvil.

Pequeña aclaración: Si os sentáis a mi lado en el metro y queréis tener una conversación privada, esperad a llegar a casa. Que yo no lo hago con mala intención, pero es que es ver que alguien se mete en el whatsapp y mi ojo ya coge vida propia y se lanza a leerlo. ¡Qué más quisiera yo que poder evitarlo!

Tampoco intentéis tapar la conversación, porque es peor. Que me vengo arriba, me creo que ocultáis algo de vital importancia y que sólo si yo leo esa conversación puedo salvar al mundo y ya no hay quien me pare.

A lo que vamos. Llega ese adorable caballero y le escribe a un amigo suyo: Me va de puta madre. Llámame y te cuento.

Y su amigo, como buen amigo que es, le llama. Y mi oloroso acompañante le cuenta lo contento que está, que nada más salir de la cárcel ha encontrado trabajo y su primer sueldo va a ir para putas y porros.

¿!Me estás diciendo que a mí me tiene que comprar los tampones mi madre para no gastar un duro y tú, borracho, mugroso y con trabajo te vas a gastar tu mierda sueldo en putas y porros!?

Así que como persona humana, me preocupo y ya ni el Kinder Bueno me calma. Pero me lo como igual y termino mi viaje con carrera, máster, curso en protocolo, un año de experiencia en prácticas, tres en Mercadona y parada, mientras a mi lado, un ex presidiario alcohólico tiene su sueldo asegurado. 

Y que no es su culpa, que ole sus cojones. Pero igual algo grave está pasando en este país.

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